Bonaparte Gautreaux Piñeyro,
el autor
De Juan Pablo
Duarte hay que investigar qué no se ha dicho en su desdoro. Ahora que se cumple
el bicentenario de su nacimiento, quizá ahora, podemos aclarar,
definitivamente, quién fue Juan Pablo Duarte y qué representó y qué representa
hoy y para siempre.
Que nadie se
llame a engaño, Duarte fue la tea incendiaria que creó la llama de la libertad,
de la unión, de la esperanza en que vivamos en una república independiente, sin
que la mano venenosa de las intrigas y el entreguismo vulneren la nación.
Duarte fue,
realmente, un revolucionario, un hombre que trabajó en la creación de un cambio radical que
comenzó con la creación de la identidad nacional encarnada en los distintivos
colores de la Bandera Nacional.
Cuando el país
necesitaba que los hombres sacaran la cara para defender nuestra sociedad, lo
diré con palabras del inmenso José Martí: “Cuando hay muchos hombres sin
decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos
son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los
pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres
van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres
son sagrados”.
Quienes ni
entonces ni ahora han sido capaces de arrimar el hombro para que el edificio de
la República permanezca, se dedican a las mezquindades, a buscar entre las
hendeduras y entretelones
de chismosos de esquinas, de habladores de tertulias de cobardes, de mediocres
criticones sin propuestas ni acciones sanas, que han hecho correr fabulas y
consejas envenenadas contra Duarte.
El Maestro Martí
dijo que a hombres como él: “Se les deben perdonar sus errores, porque el bien
que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos
que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene
manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos
hablan de la luz”
Convivimos, desde
el primer día de la República, con el enemigo que se presta a denostarlo todo
porque no puede presentar una sola hoja de servicio al país. Hemos sido
víctimas de los negadores de la República y de la Independencia Nacional, de
enemigos de la Democracia.
Aún no ha sido
derogada la resolución número 17 del 22 de agosto de 1844 de la Junta Central
Gubernativa que declaró a Duarte, Sánchez, Mella, Pedro Pina Juan Dellvalle,
Juan Jiménez, J. J. Illas y J. Isidro Pérez ”traidores e infieles a la Patria”.
El Congreso que
aproveche el Bicentenario de Duarte para reparar esa aberración.

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